Eran las doce de la mañana de un día soleado, se podía sentir el tiempo primaveral que hacía, pero aún así perdida con la hoja en la mano me dispuse a caminar para llegar hasta el sitio acertado y poder llevar a cabo mi recorrido por el mundo de las ciencias. El primer lugar donde mis pies se detuvieron fue el CSIC, en su entrada se observa una escalinata con cuatro pilares graníticos inspirado en la Universidad de Roma, según aparece en el cartel de la puerta. Al subir las escaleras encuentras dos grandes esculturas de bronce una de Severo Ochoa y la otra de Santiago Ramón y Cajal. En ese punto se ve puertas a ambos lados de las esculturas, unas que llevaban a las dependencias administrativas y otras a un edificio que era el instituto de matemáticas y física fundamental. Pero seguí todo recto porque a lo lejos veía varios elementos que llamaban la atención, allí había como una especie de jardín rodeado de tres grandes y largos edificios que formaban una “U” y en medio una gran fuente con unos chorros muy finos pero largos y si te parabas y concentrabas un momento, podías oír la tranquilidad que transmitía y sentir la paz que producía. A la fuente la rodeaban caminos de arena y árboles y arbustos. El jardín podías rodearlo por el asfalto por el que pasaban los coches que entraban y salían o por una especie de acera, para llegar a los diferentes edificios, tomé el camino de la izquierda y me pare en el edificio número 115 que era el Archivo Histórico Nacional. La entrada está realizada con un artesonado de madera, con una forma rectangular y entrando por la puerta vi al guardia sentado en una mesa en el “hall”, éste dijo: “No se puede pasar a ninguna zona del edificio, si no sois personal autorizado”.

El siguiente era el edificio central, el número 117. En éste se encuentran las oficinas del Consejo Superior del CSIC. La Presidencia al igual que los diferentes Órganos de Gobierno y Organización Central, se encuentran dentro. Nada más entrar la primera impresión es la de estar en un hotel, observando un poco se ve a una mujer detrás de un mostrador (que bien podía ser la recepcionista). Se veía en su decoración, cuatro columnas centradas y entre ellas una alfombra que porta una gran mesa con un jarrón lleno de flores. A la izquierda una maqueta en una vitrina de cristal (del S.XX), y a la derecha justo enfrente el mostrador con la mujer. Unos pasos más adelante el suelo es un mosaico. Hay una pared con una vidriera que corresponde a una imagen de unas mujeres que evocan al conocimiento. Y justo en la pared que se encuentra enfrente de la puerta de entrada dos mesas iguales cuadradas con flores y entre mesa y mesa una escultura de bronce de una mujer.
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Siguiendo con el recorrido, hacia la residencia de estudiantes que comunica con el CSIC, se encuentra el edificio 119 que se llama Instituto de Química Física Rocasolano y el Instituto Estructura de la Materia. En el vestíbulo hay distintas vitrinas con instrumentos y material para las investigaciones y en una sala contigua en ese momento se exponía una exposición “75 años de investigación en el edificio Rockefeller”.
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Siguiendo con el recorrido, hacia la residencia de estudiantes que comunica con el CSIC, se encuentra el edificio 119 que se llama Instituto de Química Física Rocasolano y el Instituto Estructura de la Materia. En el vestíbulo hay distintas vitrinas con instrumentos y material para las investigaciones y en una sala contigua en ese momento se exponía una exposición “75 años de investigación en el edificio Rockefeller”.
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La residencia de estudiantes consta de cuatro edificios y todo rodeado por jardines muy grandes. En su pabellón central, es donde se encuentra la recepción de la residencia y donde viven los estudiantes. En la planta baja, que se podría comparar con una especie de sótano pero muy bien decorado, se encuentra la cafetería con una diferente gama de olores.
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Llegado a este punto decidí salir de las dependencias del CSIC, para continuar mi camino hacia el destino: el Museo de Ciencias. Para ello hay que acceder a la calle pasando por un camino que tenía plantas a ambos lados. Calle abajo, se encuentra la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales que depende de la Universidad Politécnica de Madrid. Y la siguiente calle a la derecha se entra al recinto del Museo de Ciencias Naturales.
La residencia de estudiantes consta de cuatro edificios y todo rodeado por jardines muy grandes. En su pabellón central, es donde se encuentra la recepción de la residencia y donde viven los estudiantes. En la planta baja, que se podría comparar con una especie de sótano pero muy bien decorado, se encuentra la cafetería con una diferente gama de olores.
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Llegado a este punto decidí salir de las dependencias del CSIC, para continuar mi camino hacia el destino: el Museo de Ciencias. Para ello hay que acceder a la calle pasando por un camino que tenía plantas a ambos lados. Calle abajo, se encuentra la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales que depende de la Universidad Politécnica de Madrid. Y la siguiente calle a la derecha se entra al recinto del Museo de Ciencias Naturales.
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Antes de entrar hay un fragmento de tierra adaptado a una especie de escultura que lleva el nombre: “Jardín de piedras”. Y aunque éstas se encuentran fuera del edificio pertenecen a una parte de la exposición. Nada más entrar en el vestíbulo que da acceso al museo, se observa la tienda del museo a la izquierda y el mostrador de información. Y a la derecha está la venta de entradas y el personal de seguridad, de frente una cría de elefante disecado que marca la entrada a la primera exposición titulada “Mirada al interior”. Se trata de una exposición temporal donde se realiza un recorrido histórico con animales disecados con ambientes naturales. La siguiente sala llamada “Mediterráneo, naturaleza y civilizaciones”, muestra el hábitat, el clima y los ecosistemas más destacados de la España mediterránea, con sus aves, mamíferos, anfibios y reptiles típicos (todos disecados) y junto a esto los útiles fabricados por el hombre. También hay un fondo marino donde se encuentra una espectacular maqueta que reproduce un calamar gigante.

Antes de entrar hay un fragmento de tierra adaptado a una especie de escultura que lleva el nombre: “Jardín de piedras”. Y aunque éstas se encuentran fuera del edificio pertenecen a una parte de la exposición. Nada más entrar en el vestíbulo que da acceso al museo, se observa la tienda del museo a la izquierda y el mostrador de información. Y a la derecha está la venta de entradas y el personal de seguridad, de frente una cría de elefante disecado que marca la entrada a la primera exposición titulada “Mirada al interior”. Se trata de una exposición temporal donde se realiza un recorrido histórico con animales disecados con ambientes naturales. La siguiente sala llamada “Mediterráneo, naturaleza y civilizaciones”, muestra el hábitat, el clima y los ecosistemas más destacados de la España mediterránea, con sus aves, mamíferos, anfibios y reptiles típicos (todos disecados) y junto a esto los útiles fabricados por el hombre. También hay un fondo marino donde se encuentra una espectacular maqueta que reproduce un calamar gigante.
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Después desciendo por unas escaleras, se accede a una puerta que tiene un caimán negro del Amazonas al Real Gabinete, una sala circular con vitrinas que te transportan al tiempo de los “gabinetes de curiosidades” repleto de piezas de origen y características diversas; sobre todo con a salas de trofeos de cazas anteriores al año 1930.
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Para terminar se sube a la planta alta y hay otras dos exposiciones temporales “Meteoritos: la colección del Museo Nacional de Ciencias Naturales” que muestra parte de las colecciones de meteoritos del propio museo. Y la segunda exposición “fósiles y vivientes” donde realizas un recorrido viendo los animales y vegetales que convivieron con los dinosaurios, que te lleva a adentrarte en un mundo, donde te imaginas todo aquello que en ese momento se siente.
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Terminada toda exposición, la sensación que te queda al final, es la de haber estado en otro mundo por un día.

Después desciendo por unas escaleras, se accede a una puerta que tiene un caimán negro del Amazonas al Real Gabinete, una sala circular con vitrinas que te transportan al tiempo de los “gabinetes de curiosidades” repleto de piezas de origen y características diversas; sobre todo con a salas de trofeos de cazas anteriores al año 1930.
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Para terminar se sube a la planta alta y hay otras dos exposiciones temporales “Meteoritos: la colección del Museo Nacional de Ciencias Naturales” que muestra parte de las colecciones de meteoritos del propio museo. Y la segunda exposición “fósiles y vivientes” donde realizas un recorrido viendo los animales y vegetales que convivieron con los dinosaurios, que te lleva a adentrarte en un mundo, donde te imaginas todo aquello que en ese momento se siente.
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Terminada toda exposición, la sensación que te queda al final, es la de haber estado en otro mundo por un día.
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